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martes, 19 de agosto de 2014

Como cada vez...


Ay tentación! llamas a la puerta otra vez, como cada vez. Juegas con palabras, averiguas, bromeas y mientes, como cada vez. Me chantajeas y provocas, me irritas y me seduces, me enciendes... como cada vez.

Mis palabras esta vez son cariñosas pero frías, me dejo llevar pero no me dejo ir, planto los pies en el suelo y dejo el corazón encerrado, corazón que ya no es tuyo. Me encanta saber de ti, te imagino y una sonrisa sin sentido sale en mi cara, pero ya no eres quien decide. Meses y meses de historias, chantajes, mentiras, risas y sexo o incluso amor que no van a ninguna parte, como cada vez.

Yo... la mujer de tu vida.
Tu... mi eterna tentación.

Nunca saldrás de mi cabeza e intentarlo no es una opción mi agridulce tentación, pero por ahora... me quedo con tu recuerdo.






martes, 21 de enero de 2014

Besando príncipes y moviendo hilos


¡Qué predecibles sois! hombres de este mundo. Cual simples marionetas, sólo hay que saber de qué hilo tirar para que levantéis el brazo y digáis aquí estoy yo. Una sonrisa, una mirada "inocente", un movimiento provocativo de abanico, un hola bien entonado o en tiempos de whats app un cambio de estado o de foto y ahí resurgís de entre las cenizas como el Ave Fenix. Y no es que nosotras seamos malas o retorcidas, es que hacéis realmente interesante el día a día.

Hoy me he levantado especialmente juguetona, no quería otro día aburrido de trabajo y he movido los hilos. No tengo mala intención y me aseguro de no hacer daño a nadie, pero es que no he cambiado tanto con el paso de los años y de vez en cuando se agradecen los juegos en los que una Barbie indefensa es rescatada por el siempre todopoderoso y masculino Action Man (los niños actuales juegan con muñecas muertas y vídeojuegos).

Y es que a esta princesa se le han quitado las ganas de aguantar príncipes maravillosos cabalgando a lomos de un bonito caballo blanco, al final. Como nos desvelan en Shrek, el príncipe es un niño de mamá que solo quiere sentirse el mejor, y el ogro es el que consigue el corazón de la princesa.

Así que mientras espero a mi ogro de buen corazón, llevaré la cabeza bien alta, no vaya a ser que se me caiga la corona entre juego y juego besando príncipes que se convierten en sapos.